-Hospitality

 

-Listening

 

-:Living History

 

-Literature

 

-Cooperation


-Fragmentos capitales
por Gabriel Restrepo

 

-First meeting in BsAs

 

FRAGMENTOS CAPITALES

 

Gabriel Restrepo (Colombia, 1946), en la víspera del Samhein , y en días de santos, ánimas y muertos, Buenos Aires, octubre 29 a noviembre 5 de 2004 y dedicado a Jeannine Diego y Gustavo López (en la reunión en vivo fundacional de Entresures, cuya estrategia se definió en este encuentro) y a Hugo Viggiano y a Juan y con esos dos “jefes” del movimiento de los anarcopragmáticos – como se llaman- a los amigos de la esquina del patio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires –incluidos allí Mónica y Alejandro, vecinos- por la compañía, que en su etimología es cum pannis, con el pan y en éste caso el alimento de la aspiración e inspiración de vida.


Samheim era la fiesta celta antigua (llevada por los irlandeses a Estados Unidos como Halloween) en la cual se celebraba un nuevo comienzo del cosmos, situado entre la fase solar del año y la mitad nocturnal o invernal. La comunidad se reunía entonces y allí se loteaban de nuevo las tierras en términos de justicia distributiva, se repasaba el pasado y se auguraba el porvenir. La Iglesia Católica tranzó con los celtas, a condición de superponer a esta celebración los días de santos y de difuntos.

 


1. ENTRE LA MÚSICA DE LA TIERRA Y EL BARULLO DEL HOMBRE

Cuadros de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en el día de elecciones estudiantiles, con la profusión de papel y comunicados. Recorrido urbano entre la Facultad de Ingeniería – con la memoria de una hilera de signos positivistas, grúas, obras mecánicas, un poco a semejanza de las películas de Antonioni, El desierto y Blow Up (sobre cuento de Cortázar) - y el camino plácido al río. Evocaciones de conversaciones en la terraza del hotel Varela en San Telmo con un argentino residente en Brasil que regresó a Buenos Aires con su anciano padre, antiguo artillero y por ello un poco sordo (y que suscitará la imagen de Napoleón), bajo los efectos de haber ingerido el gusano alicorado y amortajado en el mezcal traído de México por Jeannine Diego para la libación mágica de Entresures, quizás un gusano roedor de la conciencia y del cuerpo que en el fondo anima este poemario. Y las largas banderas ondean a los coros.

Y el papel inunda de horror al vacío.
Y el silencio es cercado.
Y en la orilla del estanque
Los pájaros mecánicos pían
Y se yerguen furibundos.
Y la palabra no admite respuesta.
Y el comunicado incomunicado.
Y más allá el río y la fuente que aparecen
En el himen de la ciudad.
Y es el cuidado y es el trino.
Y es la serenidad.
Y es el silencio
Que escucha su propio arrullo.
Y es el ritmo
Que iguala al corazón
Entre el vaivén de la ola que viene
Y el agua que rezuma el suelo insolado.
Y es el abandonarse
En el artificio de las manos
Entre el sur del sur
Donde el mar y la tierra
No saben de ciertos vanos
Orgullos.
Y el fantasma del padre
De Hamlet al pasar una y otra
Vez por la terraza
Suscita el comienzo sin fin
De la tragedia.
Y el hijo que lo duele al volver
Del salmón a morir
En el lugar del nacedero,
Corrientes y contracorrientes.
Y el vuelo de un avión
Se deja ver entre los pájaros
Metálicos que tienen sed
Cuando chirrían sus goznes,
Las poleas heladas y haladas
Desde el edificio de ingeniería.
Y una manadita de escolares
De provincia cuidados
Por la maestra son todo ojos
Ante el mundo que cada día nace en la orilla
Y que oficia como espalda de la ciudad.
Y es el rumor de las horas
Escritas por las hojas.
Y es el murmullo de las aves
Que pisan cautas las hojas
Que la tierra escribe.
Y es de acá el silencio
Para oir la voz de la chicharra
Y el augurio del grillo
Y el croar de la rana
Y el decir de la selva.
Y es el índice que se lleva
A los labios a modo de una punta
De solicitud de respeto
Para que el soplo de la vida
Pase como fuelle entre la voz
Del humus y la elocuente voz callada
De tu conciencia y de la mía
Por preguntar a la pregunta
Una pregunta por el ser.

 


2. LA CABEZA IMANTADA

 

Memorias de caminantes (Jeannine Diego y Gabriel Restrepo de Entresures) al atardecer entre el edificio de la Bellsouth y la estación ferroviaria El Retiro y la Torre Inglesa (regalo, según dicen, de los residentes ingleses en el centenario de la Independencia argentina). Aparecen aquí y allá los motivos del amo y del esclavo y los temas de la resistencia y la recreación que recorrerán el poemario.

En el fondo de la primavera
El límite es suave,
como si el gran arquitecto
Hubiera dibujado una leve sombra
En el cielo azulado del ocaso,
Edificio de la Bell/south,
campana del sur,
Un poco más allá de El Retiro.
Y sin embargo se sabe de su peso
Que a la vista quita.
Se sabe que en otras horas laborales
El edificio es una bestia,
Y que sus órdenes pesan
Como soga aún en el cuello de los amos,
Y cuánto más de los esclavos,
Mientras un tren y un barco
Ayer como hoy pasan paralelos
Entre las provincias y el mundo.
Y la estación del tren de El Retiro
en un pueblo sin catedrales góticas
las semeja
En la filigrana de los techos
Y en la imposición de nuevos dioses.
Los rieles dicen del progreso.
Los masones, los masones, los masones.
La torre inglesa puntual
Señala la hora de la anulación del ahora.
Y entre el instante desaparecido
Contienden arquetipos
Y pasajeros, éstos empeñados
En pagar la evanescencia,
Aquellos en devorar el instante
En el humo del tren que se hunde
En los olvidos y se vuelve
capital, capitel, capítulo cerrado, cabeza imantada.
Y entretanto tú y yo pasamos
Discurriendo los conceptos
Y su sustancia en todo aquello que nombra
Los comienzos.

3. EL ORGANILLO DE LA MEMORIA

 

En el día domingo 31 de octubre, imágenes de paseo por San Telmo centradas en la figura del organillero y en forma de carrusel de la memoria que gravita en torno a distintas figuras de los padres y de los hijos, comenzando por su propio padre colombiano, en el lejano tiempo de su vida futbolista, amante de los tangos y quien acompaña en fantasma al poeta en el viaje que siempre hubiera querido hacer, lo mismo que el poeta lleva el fantasma de su hijo de seis años en los preparativos para ir al atardecer al partido en la Bombonera entre Boca y Newell. La sublimación de la guerra en el discurso y escenografía del fútbol le invita a zurcir entretejidos de la Coronación de Napoleón en 1805 y de dos asistentes asombrados allí, Simón Rodríguez y Simón Bolívar, apoyada la evocación de una noticia en el suplemento de La Nación que habla de Córcega como sitio turístico para el año 2005, bicentenario de la coronación de Napoleón y en el tema de la sordera por la artillería.

 

Es mejor San Lorenzo que…
Y los martilleos de la artillería…
Mi padre es bastante sordo
Porque fue…
Era como Napoleón artillero.
Y ese delantero Lavezzi.
Pero mi padre era más bien murciélago.
Y son los doscientos años de la coronación del Emperador.
Yo voy esta noche a boca.
Y van cero a cero…
Bolívar estaba también allí…
Espero que por lo menos haya goles…
Después de la derrota de Rusia Napoleón ya no fue el mismo…
Me vine de Brasil a acá porque mi padre…
Con su maestro Simón Rodríguez fue a la coronación de Napoleón…
Es el estadio la Bombonera que queda en Lezama…
Pero Lavezzi podría hacer un gol…
Voy al estadio porque mi papá…
Quedó también un poco sordo. ..
Y a los pocos años vendría Waterloo…
Pero no hay que hacerle ruido…
Hijo, ya te compré un banderín de la Argentina…
El organillero melodió su piajarina en San Telmo…
Y un titiritero halaba los hilos de los hijos…
Y no bailaban mal el tango a mediodía…
Todos tocaban tieso menos el pianista…
Y entonces se fueron para Roma…
Córcega es un destino bueno hoy para el turismo…
Brindisi no es tan bueno como Bianchi…
Almagro y Newells sería un partido de relleno…
Porque se despierta al menor soplo…
Si no fuera por el progresivo y sorprendente…
A Jurar en el Monte Aventino…
Los cortes de la carne siempre son finos…
Ascenso desde abajo hacia la meta…
Y el pobre se creía mejor que Alejandro…
Y también una camiseta del boca, hijo…
De alguna manera todo comienza cada vez cada día…
Y el amo estudia hoy e imita hasta el cansancio
Al esclavo como éste calcaba al amo antaño,
Pero no porque sea bueno o eso, nada de eso,
Es que nos quiere sorprender para apresar,
¿No es es cierto, Juan, yo que soy tu
Lugarteniente del hombro izquierdo,
Tú que eres el “jefe” del movimiento anarcopragmático?

 

 

4. CORRIENTES Y CONTRACORRIENTES


Romance a modo de tango casi recitado a los pasajeros Jeannine Diego y Gabriel Restrepo por un taxista vizcaíno entre Corrientes, cerca del Obelisco, y San Telmo que evoca esa caja china de recuerdos semejante al Banquete de Platón y de otro modo el insistente tema del salmón que vuelve a morir en nacederos.

 

Es un tango de taxi.
Y yo te dije, hijo – eso me decía mi madre-,
no podrás reconocer el lugar.
Y después de tantos años, ¿qué quieres? Las cosas
Los espacios y las personas han cambiado tanto.
Yo - te recuerdo -, me fui contigo a la Argentina
-eso decía mi madre-
Cuando tú, hijo, tenías ocho años
Y volví a Bilbao como el salmón por ver a tu abuela,
Mi madre, y querrás saber que de la estación
Del ferrocarril a su casa en Bilbao
-¿no te acuerdas?-
No hay más que contadas y escasas ocho cuadras,
Pero en mi memoria la flecha del regreso
Agolpaba tiendas y bazares
Aromas de la pampa y de la escuela
De las primeras letras.
No llegarás, te dije, porque tú te empecinaste
En quedarte allá en Buenos Aires
Y entre el tomillo y el laurel y el bife de chorizo
El aroma del arroz escueto pero pródigo
De la infancia se te habría borrado,
Como tus tres dientes de la boca
Y los incisivos que perdiste muy temprano.
Volveré, madre, a visitarte a ti
Como regresaste a donde la abuela,
Que en paz descanse.
¿No queda la casa en el barrio perdido
en Bilbao bajando de la estación
a la derecha pasando la colina trasmontina
y a la izquierda el mercado de las jaibas
y merluzas y a derecha la escuela
de las letras? ¿Qué se hizo, madre, la pequeña
y jorobada maestra que nos daba a golpes?
Y fui, después de tantos años, señor, señora,
Y mi madre no lo podía creer
Cuando después de pequeños pero densos
Escilas y caribdis volví con un manojo de malvas
Y siemprevivas para adornar la tumba de la abuela,
A la derecha de la estación, en zigzag,
Nada puede el progreso al menos aquí
Contra una colina de sesenta metros,
Pasada entre tumbos y memorias,
Hasta la vieja casa, el antiguo portal,
La madera que acusa tantos llamados
Y a veces, a veces, madre, los pequeños
Pero infinitos silencios, y aquí estoy,
Con hambre, y espero el arroz parvo
Y la gruesa memoria de los días.
Es que, señor, señora, me acuerdo
De nombres y de situaciones
De cuando yo tenía tres años.
Son cuatro pesos con cuarenta y cinco centavos.

 

 

5. MUERTOS EN VIDA

 

En algún momento perdido de alguna noche, quizás la de difuntos, el poeta evoca su condición más que de mortal, de muerto en vida por su estado de esclavo que espera esa segunda muerte conductora a la vida de la que hablaba el poeta Rilke, tema que atraviesa todo el poemario y le proporciona su unidad.

 

¿Quién, como a los muertos,
nos cerró suave los párpados
con fingida piedad
para perpetuarnos en el sedante
de este vacío pleno ,
este presente sin memoria y sin destino?
Y sí, te comprendo a vos,
Porque es que ver,
Lo que se dice ver,
Ciega hasta el alma del dolor,
Y el desperar,
Lo que se dice el despertar,
Es para vomitar hasta las tripas

 

 

6. TODO EL PASADO CAE A GOLPES DE PRESENTE


Ante el intento de ir al partido de fútbol, frustrado, el poeta divaga por las calles, es solicitado por la policía para el secuestro de un carro, como no sabe el nombre del Hotel inventa el Hotel Maginot (también figura como residencia en la tarjeta de entrada a Argentina), dicho nombre le suscita las guerras mundiales y en general el tema de la resistencia frente a los amos e imperios, vuelve al tema de Napoleón, camina por el parque Lezama en un domingo popular, piensa en la tragedia de los Lugones desde el suicidio del poeta al suicidio de su nieta montonera, en medio de un hijo y padre cuyo delirio por el orden arruinó la ascendencia y descendencia, compra la revista del barrio Lezama llamada Suspira un Elefante, se confunde con las golondrinas capitales y rehace el cuento clásico de Dumbo por las orejas acrecidas .

 

Buenos Aires, parque Lezama, 6;17 de la tarde…
Lo necesitamos para un secuestro…
Y dicen que después de la retirada…
Ya no hay tiquets señor…
Y se había pegado un tiro Lugones…
Todo a peso, todo a peso, todo a peso…
Y en primavera aún es temprano…
Ya no pudo ser el mismo de antes Napoleón…
Señor, como testigo, es para llevar el carro…
Por seguridad se cierran las puertas…
Toca y se va…
Ventana trasera derecha sin vidrio y puerta violentada…
Ya no te quiero mi amo…
En Waterloo vaciló a la hora del ataque…
Para que las aves busquen el nido…
¿Dónde vive el señor?
Su mismo hijo el comisario lo seguía y lo celaba…
No sé el nombre del Hotel…
Dizque porque había llovido y el piso…
Aunque aprietes con cadena de oro…
Son las 6: 20 y el aire fluye…
Aún se puede volar de rama en rama…
Conozco la entropía de tu poder…
No se ha perdido de nada, quedaron cero cero…
Porque le celaba un amor escondido…
Y hay muñecas y hay incienso y hay libros…
No era apropiado para enfilar las baterías…
No sé, un hotel en San Telmo, Maginot, creo…
Todo el pasado cae a golpes de presente…
Porque ahora solicitas más que un mendigo,
Tú, el amo, el capital, la capital, el capitel …
En cambio Wellington estaba en día de gloria…
Lugones amaba más las armas que el orden…
Y tus triquiñuelas de cabeza de hidra son ya bastardas…
Junto a Estados Unidos, creo, y a Defensa…
“Sublime” decía Wellington cuando las balas rozaban…
En cambio el otro día…
Partido sin goles ni sal…
Heredaba el orden sin la poesía el Lugoncito…
Hotel Maginot y soy colombiano…
Eres, amo glocal, midas y cabeza de Medusa
y devienes mendigo de la multitud…
Y la carga de la Guardia de Honor de Napoleón…
En San Telmo entre Estados Unidos y Defensa…
Caía a raudales y a sus pies ante la fosa…
Y sabe que la hija del hijo de Lezama
Se suicidó, la montonera…
Todo el pasado cae a golpes de presente.
Y tantos trajes de segunda ya deshabitados…
Seisycuarenta y se anuncia en la radio un gol, pero no en la boca.
Y pasan y repasan por Lezama los bebés en coches…
Y trinan en ecos y ecos las aves de paso…
Las capitales golondrinas…
Porque me hubieran cobrado en la puerta del Estadio
los fantasmas de mi padre y de mi hermano, tres boletos….
Las cabezas golondrinas…
Y en la revista el dolor de los vencidos…
Los capitales golondrinas…
Suspira un elefante…
Y de nada vale decir que el origen
Está en el horizonte no venido
Porque suspira y suspira un elefante
Y trina en lo alto de una rama
Con el sufrimiento de una escucha universal.

 

7. EN EL CEMENTERIO DE LA RECOLETA

Visita al Cementerio de La Recoleta, con Jeannine Diego. En el mapa de los mausoleos, el laberinto de la historia de Argentina. El poeta recuerda un verso de un poema suyo titulado “1844”, escrito hacia 1981: “Patria es el lugar donde viven los muertos”. Un aviso a la entrada remite a un verso de Borges donde habla de uno de los primeros difuntos enterrados en La Recoleta, un niño liberto, en 1822. El Cementerio avecina a antiguos enemigos en la paz de los sepulcros. El tema de vivir muerto como esclavo reaparece. El fantasma lúcido de Borges conduce cada vez con más fuerza como lazarillo al poeta ciego que recorre el antiguo monasterio de los capuchinos.

Sobre la losa al relente de Facundo Quiroga
Cinco gatos mullidos se solazan pícaros maullidos,
Indiferentes a la guía que indica frentera
Las señas hacia el mauselo de Sarmiento,
Su enemigo, que hablaba del otro como sombra,
Desde el fondo del cual cinco golpes
En clave de ultratumba incitan a espantar los gatos.
“¡¡Déjalos estar, Domingo Sarmiento
– replica vehemente mi fantasma
desde su vivaz y andariego mausoleo –
como a Evita Duarte y a Miguel Cané:
Nosotros somos los muertos, los de afuera,
Porque también sellaron nuestros labios
Para no decir nada distinto a la gris elocuencia
Del lugar común, el inmenso cementerio
Que rodea infernal a la apacible Recoleta!!”.
Aquí viven los muertos
y allá en la ciudad mueren los vivos.
A la hora más incierta entre la medianoche y el alba
Imagino al niño liberto y a su madre esclava
En 1822 presentes aún rezando en la procesión
Incesante de recoletos, amigos y enemigos,
Quirogas y Sarmientos hilando oraciones y oraciones
Para despertarnos de nuestras tumbas a nosotros,
Los difuntos,
amos y esclavos confundidos en la misma muerte
que los unos provocan y los otros aceptamos
complacidos.

 

 

8. PRINCIPIO DE ESPERANZA EN CLAVE DE TANGO Y AJEDREZ. EL ROSTRO DE JANO ADIVINADO.

 

Conversaciones con Jeannine Diego y Hugo Viggiano, estudiante de antropología, artista visual, luego de una cena con su padre de ascendencia uruguaya e italiana, pensionado de los seguros, en la vía del parque Centenario (homenaje al 22 de mayo de 1810, signo de la Independencia de Argentina) y concluidas en la antigua estación del Correo en una esquina del parque, hoy templo de suburbio de la nostalgia del tango, sobre un suelo ajedrezado y ante la mirada extrañada de añosos jueces severos y de sobriedad y dignidad de clase media, pero tolerantes ante la pareja que se atrevió a irrumpir en las complicaciones del juego medio del tablado. El poeta imagina figurar que entre esos jueces severos y benignos estaba Jorge Luis Borges, guiando los esguinces y las gambetas por las baldosas.

 

Y luego de vaciar el alma,
Hugo y yo
- tú Jeannine ciudadana de América
oficiaste testimonio -,
Narrando la derrota de los años
A la deriva de América Latina
En el canto del cisne de los padres,
Calamos en el parque Centenario,
Y a la sombra de añosos troncos
Hablamos de dioses y demonios,
De la huida de la piedad
Cuando la mujer se hizo hombre
Sin que el hombre se hiciera mujer
(Animus y anima divorciados
en la incesante guerra de los sexos),
De la fuga de la sabiduría
Cuando la especie se hizo niño
Sin ser al mismo tiempo el New Old´s Boy
(Senex y puer malferidos
en la eterna discordia
de los pares impares por edades)
Y en la cuadrícula del parque
A un lado la visión de lejos
En el Observatorio Nacional
Tan desastrado,
Y la visión de cerca
Del Instituto de Pasteur
Con la vida desolada,
Hallaron su medio y su medida
En la escala del tango centenario
En la postal del viejo Correo,
Donde casi a plomada y a cordel
Y a cuadrante ensayamos
Ciertos desfiles de ajedrez.
Novicios entre milenarios alfiles
Y señeras torres – Hugo esta vez como testigo -
Como rey y reina mil veces vencidos y vencidas
Trasmigrantes peones de fingida alcurnia
Enviamos una carta en la derrota de los pasos
Con el mensaje cifrado de una nueva aurora
En los umbrales del inicio de un nuevo centenario
Y hasta en la muerte ilusos sellamos
La carta del fin de la historia
como el umbral del principio
De siete por mil millones de Historias
Renacidas en la tierra - patria
E iniciadas a paso de milonga
Entre los sures.

 

Buenos Aires, 29 de octubre, Bogotá 11 de noviembre (fecha del aniversario de la declaración de Independencia de la ciudad de Cartagena).